Claudia Lizarraga

Tacos Don Marcos: cuando una familia también cuenta la historia de Empalme

Una tradición nacida desde abajo, sostenida por generaciones y cuidada hoy por manos que no han dejado caer el legado.

A Empalme le dicen la Ciudad Jardín. Y no lo digo como frase bonita para adornar un texto. Así se le ha conocido por años, porque esta tierra tiene una manera muy suya de quedarse en la memoria: por sus calles, por su gente, por el ferrocarril, por sus familias trabajadoras y por esos lugares que todos terminamos ubicando aunque pasen los años.

Uno de esos lugares es Tacos Don Marcos.

Hablar de ellos no es hablar solamente de tacos. Es hablar de una familia que empezó desde abajo y que, a puro trabajo, terminó formando parte de la identidad empalmense. La historia viene desde 1925, cuando don Marcos Morales Vargas comenzó con la venta de tacos dorados. No empezó con un local grande, ni con publicidad, ni con nada de eso que ahora se usa tanto. Empezó como empezaban antes muchas historias de lucha: con una canasta, con producto hecho en casa, subiéndose al tren cebollero para ir a Guaymas a vender y regresando con la responsabilidad de seguir sacando adelante a los suyos.

Eso, para mí, tiene mucho valor. Porque en esos inicios está retratado el Empalme de antes: el Empalme ferrocarrilero, el de la gente que no se rajaba, el de las familias que aprendieron a trabajar temprano y descansar tarde. El Empalme donde el nombre de una persona se ganaba con hechos, no con palabras.

Con el tiempo, aquella venta se volvió tradición. Y la tradición no se sostiene sola. La siguieron cuidando su hija, doña Sara Morales, junto a su esposo Bernardo Mendoza. Después la historia llegó a Miriam Mendoza Morales, nieta de don Marcos, quien hoy carga con algo que no cualquiera entiende: cuidar un nombre que ya no le pertenece solo a una familia, sino también al recuerdo de un pueblo.

Por eso quiero detenerme en Miriam.

Porque muchas veces se habla del fundador, del negocio, del sabor, de los años, pero pocas veces se mira con justicia a quienes siguen ahí, todos los días, sosteniendo lo que otros iniciaron. Miriam no solo atiende un negocio. Miriam cuida una herencia. Cuida una historia que empezó antes que muchos de nosotros naciéramos. Cuida una receta, sí, pero también cuida una forma de trabajar y una forma de representar a Empalme.

Y eso no es fácil.

Un negocio familiar se ve sencillo desde afuera. Uno llega, pide, come, platica y se va. Pero detrás hay cuentas, cansancio, decisiones, madrugadas, familia, presión, días buenos y días donde de todas maneras hay que abrir. Hay personas entrando y saliendo, turnándose, ayudándose, resolviendo. Ahí se nota cuando una familia trae el trabajo metido en la sangre.

Yo los he visto así: trabajadores. A Miriam, a su familia, a quienes han estado alrededor de esta historia. No es un negocio que se haya levantado por suerte. Es una familia que se ha mantenido porque no ha dejado de moverse.

Y aquí hay algo que vale la pena decir con orgullo: en Empalme hay negocios que son más que negocios. Son puntos de encuentro. Son recuerdos. Son parte de la conversación de la gente. Tacos Don Marcos es de esos nombres que se dicen y de inmediato alguien tiene una historia: que ahí comió de niño, que ahí lo llevaron sus papás, que cuando regresa a Empalme quiere volver a probarlos, que ese sabor le recuerda a su tierra.

Eso es identidad.

La Ciudad Jardín también se cuenta así. No solo con fechas oficiales, ni con placas, ni con discursos. Se cuenta en las mesas, en las banquetas, en los comercios de toda la vida, en las familias que no se rindieron y en las mujeres como Miriam, que siguen al frente aunque muchas veces el reconocimiento llegue poquito o tarde.

A mí estas historias me importan porque Empalme no me es ajeno. Empalme ha sido parte de mi vida, de mi familia, de mi trabajo y de mi memoria. He crecido viendo cómo esta ciudad se sostiene por su gente; por quienes abren temprano, por quienes venden, por quienes atienden, por quienes conocen a todos por su nombre y por quienes han hecho de su oficio una manera de servir.

Por eso cuando uno habla de Tacos Don Marcos, habla también de una parte de Empalme. De su carácter. De su orgullo. De esa ciudad que tal vez a veces no presume tanto, pero que tiene historias enormes guardadas en familias sencillas y trabajadoras.

Mi reconocimiento para Miriam Mendoza Morales y para toda su familia. Para don Marcos Morales Vargas, por haber iniciado un camino que sigue vivo. Para doña Sara y don Bernardo, por haberlo cuidado. Y para quienes hoy continúan sirviendo con esa misma responsabilidad que se hereda, pero también se decide todos los días.

Que sigan los años, que siga el sabor y que siga viva esta historia que también es parte de la Ciudad Jardín.